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Realizada en bronce en honor a Felipe IV, rey de España. Se trata de un conjunto escultórico ubicado en el punto central de la Plaza de Oriente, que recuerda al rey más longevo de la casa de los Austrias o el tercero de la historia de España.

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Estatua de Felipe IV

Felipe IV Rey de España

Nacido en el Palacio Real de Valladolid en 1605, fue el primer varón nacido de Felipe III y su esposa Margarita de Austria. Subiría al trono el 31 de marzo de 1621, en una época convulsa, en plena Guerra de los Treinta Años que asolaba toda Europa.

Considerado un mecenas de las artes y las ciencias, no sería igual en la parte económica. Durante su reinado, España gozaría de su mayor extensión, pero los numerosos problemas en la política exterior hicieron perder la hegemonía de España en Europa. Se perderían muchos de los territorios españoles tras el Tratado de Westfalia y la Paz de los Pirineos.

Lograría llevar a la bancarrota varias veces a la corona, debido al intento de conservar unido el reino. No en vano, es considerado como uno de los Austrias menores a pesar de su educación y de ser apodado “El Grande” o el “Rey Planeta”. Murió en 1665.

Encargo de la escultura de Felipe IV

Siguiendo el ejemplo de su padre, que había sido obsequiado con una estatua en su honor, el rey Felipe IV también deseaba una escultura ecuestre similar, pero que superara a la de su antecesor en técnica, calidad artística y que fuera visualmente más compleja que la que se encuentra hoy en la Plaza Mayor.

El encargado de solicitar el regalo fue el Conde Duque de Olivares, valido del rey, que en 1634 hablaría con Sorano, embajador en Madrid del Gran Duque de la Toscana Fernando II. Para tal cometido, una vez aceptado, se contrataría a uno de los escultores que ya trabajó en la realización de la estatua ecuestre de Felipe III, el florentino Pietro Tacca.

En su petición, dio instrucciones muy precisas para la su composición. El monarca debía ser representado a caballo, con el animal encabritado y andando “en corveta”, es decir, apoyado en exclusiva sobre las patas traseras. Sería la primera estatua de estas características, pero no estaba exenta de dificultades técnicas.

Escultura de Felipe IV en Madrid

Diseño de la estatua de Felipe IV

Durante la fase del diseño, Felipe IV no pudo viajar a Florencia, ni el artista a España. La base del modelo del rey, la tomaría de un retrato del mismo realizado por Pedro Pablo Rubens. Por desgracia, aquella pintura se perdió en el incendio del Real Alcázar, pero hoy se conserva una copia anónima en Italia, que podríamos ver en la Galería de los Uffizi. Un cuadro cuyo rostro retocó en su día Diego Velázquez.

En 1635, el artista pediría un segundo retrato con la armadura del rey para poder representarle, enviándole desde la Casa Real el conocido llamada “Felipe IV a Caballo”. Algunos autores atribuyen esta obra también a Velázquez, en una copia que hizo para el Salón de Reinos, que se expone en el Palazzo Pitti actualmente.

No obstante, para el busto del monarca recibió ayuda del escultor Juan Martínez Montañés, que, bajo asesoramiento de Velázquez, que incluso le retrataría, intentaría representar las facciones de su majestad para facilitar la misión a distancia de Pietro Tacca.

Diferentes versiones de la estatua

Siguiendo el mismo diseño empleado en la estatua de Felipe III, que él mismo había realizado desde 1606 a 1611, Pietro Tacca realizó una estatua ecuestre similar a la anterior, con el caballo al paso. Al enviar el primer modelo de barro a tamaño natural de la estatua a Madrid, el duque de Olivares mostró su descontento, puesto que no cumplía en absoluto con lo que se había comentado.

A partir de esta insistencia del valido, comenzaría un cálculo de contrapesos para poder cumplir las expectativas del monarca. Durante su estudio, la parte más compleja resultó ser el apoyo de la escultura sobre las patas traseras. Para encontrar una solución y que la física no arruinara la obra, según Filippo Baldinucci, el aclamado historiador toscano, consultaría al propio Galileo Galilei, que le recomendó realizar la escultura con un espesor variable, casi maciza en la parte de la base, y con una capa de bronce muy fina para la zona superior.

Una vez solucionada la parte técnica en 1637, en la que se añadió un conjunto de vigas interior que irían ancladas a la base, se realizaron los moldes. Para la parte de la cabeza se volvió a pedir un retrato del monarca a cara descubierta a finales de 1638. Se procedió a la fundición del conjunto en marzo de 1639. El nuevo retrato de Velázquez llegaría a Florencia en 1640 y se terminó por completo la escultura.

Felipe IV en la Plaza de Oriente

Traslado de la escultura a Madrid

Desde el puerto de Livorno partiría la escultura de bronce en septiembre de 1640. El escultor Pietro Tacca fallecería al mes siguiente. Por ello, tras su muerte, el traslado fue acompañado por el hijo del artista, Ferdinando Tacca por si hubiera algún tipo de daño durante el viaje.

Los números del regalo italiano son curiosos. Su peso, 18.000 libras (algo más de 8 toneladas) y su coste de 40.000 doblones hicieron palidecer a la Casa Real. La falta de recursos económicos de la corona española se hizo patente en seguida. A pesar de que la escultura desembarcó en el puerto de Cartagena en marzo de 1641, su llegada a Madrid no se produciría hasta el 10 de junio de 1642.

Al llegar a la capital, Felipe IV la rechazó ya que no encontraba parecido alguno con su rostro. Por ello, se rehízo por completo y bajo la supervisión del príncipe Baltasar Carlos, el hijo del autor original, Ferdinando Tacca arregló el desaguisado, aunque las malas lenguas dicen que su acabado fue menor que el de su padre.

Ubicación de la escultura de Felipe IV

Se ubicó en primer lugar sobre un sencillo pedestal en el Patio de la Reina del Palacio del Buen Retiro el 29 de octubre de 1642. Allí se le apodó “el cavallo de bronce” (Sí, con “v”). Los maravillosos detalles de la escultura, como las venas del caballo, el pelo del animal, los detalles de la armadura, las bridas o el propio movimiento que representa, la convirtieron en una de las estatuas más populares de su tiempo.

No en vano se convertiría en la envidia de los escultores de la época, convirtiéndose casi instantáneamente en un clásico de las estatuas ecuestres, innumerables veces copiada para retratar a los regentes o dirigentes de todas partes del mundo. Por ello y para darle mayor importancia, tras la muerte de Felipe IV se trasladó al mismísimo Real Alcázar.

La regente de la época, Mariana de Austria fue asesorada por Fernando de Valenzuela, para incluir la escultura en las obras de remodelación del Alcázar por Juan Gómez de Mora, que se hicieron como armonización de la parte meridional. Se subió a lo alto en 1675, pero tras la caída en desgracia de Fernando de Valenzuela, en 1677, se bajaría del frontispicio del Real Alcázar para colocarlo en su posición original, donde estaría algo más de un siglo y medio.

Colocación de la estatua de Felipe IV en la Plaza de Oriente

En 1843, durante las obras de realización de la Plaza de Oriente, se colocaría definitivamente en la posición actual. Antes de su desplazamiento el 16 de noviembre, se levantó una gran fuente en el centro de la plaza diseñada por juan Merlo Fransoy.  Primero el caballo y después la figura de Felipe IV, acabarían por dotar a la plaza su elemento central.

A pesar de que existe una placa que data la colocación de la escultura en 1844, no sería hasta 1845 cuando el proceso se terminaría por completo. El conjunto se compone de un pedestal cuadrangular de varias alturas. En las esquinas se colocaron cuatro leones de bronce tumbados, obra de Elías Vallejo y dos conjuntos escultóricos representando a dos ancianos simbolizando ríos. En la zona este, el Jarama, realizada también por Vallejo, y en la zona oeste el Manzanares, realizado por José Tomás.

A este último también se deben los bajorrelieves norte y sur de la base superior de la estatua. Uno, el norte, representa el momento en que Felipe IV entrega la Cruz y el hábito de la Orden de Santiago a Diego Velázquez, y el otro, el sur, la distinción a pedro Calderón de la Barca con la corona de laurel, simbolizando la protección de las artes y las ciencias.

Placas e inscripciones de la estatua de Felipe IV

“TACCA, F. FLORENTIA, ANNO SALUTIS MDCXXXX”

En los Arreos está firmada por el artista Pietro Tacca.

“Para gloria de las artes y ornato de la capital erigió Isabel Segunda este monumento”

En la zona superior de la base en el lado este.

“Reinando Isabel Segunda de Borbón año 1844”

La inscripción del lado oeste.

“La estatua ecuestre de Felipe IV, obra del escultor Pedro de Tacca, fundida en Florencia en 1640 con el asesoramiento de Galileo fue donada por los grandes Duques de Toscana. Instalada inicialmente en los jardines del Palacio del Buen Retiro, en 1844, bajo el reinado de Isabel II, se trasladó a la Plaza de Oriente”

En el pedestal delante de la Fuente del Jarama se puede leer en la placa de bronce superior.

“Se restauró este monumento con el patrocinio de la fundación Rich, siendo Alcade de Madrid el Excmo. Sr. D. José María Álvarez del Manzano y López de Hierro. 14 de mayo de 1997.”

La inscripción en el propio pedestal en piedra.

¿Dónde está el Monumento a Felipe IV?

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