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En la Plaza Principal del barrio del castillo, se levanta en una esquina uno de los palacios renacentistas más importantes de Praga, el Palacio Martinic. Sus maravillosos esgrafiados y su aparición en películas como Amadeus, le hacen ser uno de los más conocidos de la ciudad de las cien torres.

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Palacio Martinic

Antecedentes al Palacio Martinic

Tras el incendio de Praga de 1541, la ciudad de Malá Strana y Hradčany quedaron reducidas a cenizas. La reconstrucción de toda la zona se comenzó en la segunda mitad del siglo XVI, cuando esta parcela la compró Ondřej Teyfl de Kinsdorf y Zeilberk, comandante de las tropas húngaras. El lugar hasta que fue engullido por el fuego, poseyó cuatro casas medievales de estilo gótico que habían pertenecido a miembros destacados de la iglesia, o al cronista Beneš Krabice de Weitmile, de la época de Carlos IV.

Con la idea de realizar una edificación de dos plantas alrededor de un jardín, levantó en aquel solar devastado una nueva residencia que establecería las bases de las formas del futuro palacio. No sería hasta 1583, cuando el propietario vendió sus pertenencias a Jiří Bořit de Martinic, comenzando una reconstrucción completa para formar el palacio que sobrevive actualmente. La Plaza de Hradčany, comenzó a llenarse de aquellos que conformaban el círculo de confianza del rey.

La primera fase albergó el alargamiento de las fachadas que daban hacia la plaza, instalando un frontón de dos partes, y el arreglo de la zona del patio, el cual comenzó a adquirir su aspecto actual con la decoración de los esgrafiados con escenas del antiguo testamento. La segunda fase comenzaría al morir Jiří Bořit, ya que, al no tener descendencia, el palacio lo heredaría su sobrino, Jaroslav Bořit de Martinic.

Familia Martinic

Se conoce a la familia Martinic como miembros de la aristocracia desde el siglo XV. Fueron condes de la Fortaleza Martinic ya en 1400, cerca de la región de Tábor. Hacia mitad de siglo llegarían a ser nombrados mariscales de la corte, título que conservarían durante el reinado de Vladislav de Jagellón.

Señores de Smečno, de Okoř y de Lány, su primer punto de inflexión llegaría en 1522, cuando tras la muerte de Hynek Bořit de Martinic, la familia se dividió en dos ramas, una católica y otra protestante. Sin duda, Jaroslav Bořit de Martinic, sería el miembro más destacado de la familia, no sólo por ser el que terminara el Palacio Martinic, sino por los hechos acaecidos en 1618.

Educado por los Jesuitas, ferviente servidor del catolicismo, fue uno de los implicados en la famosa defenestración de Praga, junto al virrey imperial del reino checo Vilém Slavat de Chlum, que fueron enviados desde Viena para anunciar la llegada del rey Fernando II en el castillo de Praga y arrojados desde la ventana de la segunda planta del ala de Luis del antiguo Palacio Real en el complejo del castillo. Curiosamente sobrevivieron sin consecuencias.

Palacio Martinic esgrafiados

Estallido de la Guerra de los Treinta Años

Tras los hechos acaecidos, violando abiertamente la Carta de Majestad de Rodolfo II, la familia Martinic abandonaría un tiempo las tierras checas para evitar ser perseguidos por su religión. Evidentemente, el Palacio Martinic sufriría retrasos en su construcción, hasta que la victoria de la Batalla de la Montaña Blanca en 1620, dio al traste los planes protestantes en Praga.

A partir de 1622, retornaría la familia de su retiro en Múnich. El palacio retomaría las obras, sumando otro piso en altura y se añadiera el gran salón del ala norte. Se realizó las obras del ala sur y se colocó el sello heráldico de los Martinic en la fachada principal en mármol rojo, con la representación de la estrella, los tallos y raíces del nenúfar, en estilo barroco temprano.

Tras la muerte de Jaroslav Bořit de Martinic, su viuda Barbora, completaría los pasillos con los techos de vigas pintadas. Las formas del propio palacio Martinic, evocan las del Palacio Real en el Castillo, siendo una copia exacta del mismo, pero a menor escala. La idea de Jaroslav, era establecer un símbolo de poder y conmemorar su salvación milagrosa.

Decoración exterior del Palacio Martinic

Sin duda, el estilo renacentista del comienzo de su construcción queda destacada por los esgrafiados exteriores. Aplicando varias capas de mortero de diferente color, y mediante esculpido a cincel, se dejan ver formas a lo largo de los 800 m2 de superficie que ocupan los muros de las fachadas exteriores.

Las escenas principales corresponden a los episodios de la vida de José de Egipto, hijo de Jacob, como cuando fue esclavo de Potifar, o su presencia ante el Faraón y su sueño. En la parte este del patio hay escenas de la vida de Sansón e incluso hazañas del héroe Hércules.

A pesar del buen estado que muestran los esgrafiados, sí se nota que la ornamentación fue mucho más austera en la segunda planta. Imaginamos que el acabado barroco de la edificación, es la razón principal de esa ausencia.

Decoración interior del Palacio Martinic

Sorprendentemente, tras diversas actuaciones de rehabilitación, se han encontrado casi intactos las decoraciones renacentistas de los techos en el interior de palacio. Si bien es cierto, durante el reinado del emperador José II en el siglo XVIII, se reforzó la normativa antiincendios, puesto que este tipo de construcciones se habían realizado en madera en su parte estructural.

Por ello, las vigas fueron revestidas con un revoque y con juncos, lo que permitió posteriormente observar multitud de pinturas a pincel de animales, motivos alegóricos y culturales de la época, en una extensión de casi 1400 m2. De la misma forma, multitud de paredes fueron ornamentadas con frescos, en el que destacan los motivos religiosos como Adán y Eva a tamaño natural, a modo de recreación del original de Alberto Durero pintado en 1504.

El techo artesonado de la Sala Ceremonial destaca por encima del resto con sus 43 campos alegóricos, o la capilla con sus motivos bíblicos. Diferentes pinturas también pueden verse en el interior, evocando ese paso del renacimiento al barroco, en esa mezcla estupenda en la que se terminó el propio Palacio Martinic en el año 1730.

Reformas posteriores

El último miembro de la familia con título de Conde fue František Karel de Martinic. Curiosamente conseguiría reunir en su persona las dos ramas familiares anteriormente separadas, pero no tuvo descendencia varón. Tras su muerte, el 29 de noviembre de 1789, el palacio Martinic se quedó en manos de su hija Marie Anna Martinicová.

Debido al mal estado en que se encontraba el palacio tras los bombardeos prusianos de mitad de siglo, la última descendiente de la familia decidió vender la propiedad a Josefa Weitenweberová, que remodelaría los interiores creando 26 viviendas para alquilar, incluyendo la suya propia de 5 habitaciones.

Un siglo después, en 1840, el constructor Jan Heger realizaría añadidos al complejo, como la creación de un horno de panadería o un taller de cerrajería, que desvirtuaron la parte original del edificio. Es más, los apartamentos fueron cambiando de manos, y para mitad del siglo XX, allí se ubicaban 70 familias y la capilla, entre otros, se había convertido en una despensa.

Estado actual del Palacio Martinic

A partir de 1950, el palacio se comenzó a reestructurar. Se revitalizaron los esgrafiados exteriores de la fachada y posteriormente, en 1953, los del patio. La gran reforma le llegó entre 1967 y 1972, donde la visión del arquitecto Zdeněk Hölzel, quiso devolverle su apariencia original, buscando la misma idea que tuvo su propietario más famoso de la familia Martinic, Jaroslav Bořit.

Se descubrió que no posee sótano, lo cual es poco habitual, y se restauraron los grandes murales, las vigas pintadas y la capilla. Incluso después, se ha llegado a restaurar el pozo del patio, cuya cancela es una creación de Josef Vitvar.

Hoy en día se encuentra en manos privadas, quedando como un lugar donde se pueden gestionar diversos eventos, tipo bodas, reuniones sociales y festejos, además de servir como escenario de rodaje de la serie de Los Borgia.

¿Dónde está el Palacio Martinic?

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