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¡Esa iglesia es de estilo románico! Seguro que nos hemos ido de viaje y nuestros guías nos han señalado que un edificio o monumento es de este estilo o de otro. Románico, gótico, renacentista o barroco, algunos de los estilos más importantes de la historia son perfectamente distinguibles cuando los tenemos delante.

Por ello, y para que nuestros invitados a los tours los conozcan perfectamente, aquí disponemos de una serie de datos, curiosidades e historia de aquellos que consideramos los estilos arquitectónicos más importantes.

Si bien es cierto, los diferentes estilos que han ido surgiendo a lo largo de la historia han ido apareciendo en diferentes lugares al mismo tiempo, o son versiones unos de otros, personalizadas para las diferentes civilizaciones o épocas en las que nos encontremos o simplemente la consecuencia lógica de lo anterior. No obstante, intentaremos realizar un recorrido cronológico de los más famosos, para que su entendimiento sea el mejor posible.

ESTILOS ARQUITECTÓNICOS Y CÓMO DISTINGUIRLOS I: EL ESTILO ROMÁNICO

¿Cómo distinguir los estilos arquitectónicos?

Más allá de los Monumentos principales de las ciudades, la mayoría de las veces hemos de preguntarnos en qué época fueron construidos los edificios de los que queremos conocer su estilo. También, las diferentes reformas o adecuaciones a las que las grandes construcciones han sido sometidas, han podido variar ligeramente su concepto original y hacer que nos surjan dudas al respecto.

Además, hay lugares emblemáticos como las catedrales, que han tardado varios siglos en ser terminadas y, cuando lo han hecho, son un compendio de estilos en sí, lo cual aumenta la sensación de desconocimiento. Desde BuscaFreeTour, intentaremos despejar las incógnitas con cada uno de los elementos que corresponden a esos estilos, partiendo de la base de que puede haber mezcla, que no todos los elementos han de ser empleados a la vez, o que ha habido una evolución de los mismos.

La historia y la arquitectura han estado y estarán íntimamente ligadas. Ambas disciplinas se complementan, atendiendo a la necesidad de la época, el contexto de la misma, la situación política o religiosa. Por ello, os ofrecemos esta clase de Historia del Arte, para su mejor entendimiento. Empezaremos con uno de los más famosos, el estilo románico.

¿Cuándo aparece el estilo románico?

Cuando expresamos que un edificio u otro es estilo románico, inconscientemente muchas personas relacionan directamente dicho estilo con las construcciones propias del imperio romano. Realmente es un error, ya que el estilo románico aparece mucho después de este, dando sus primeros pasos durante el siglo IX.

Ciertamente, el románico aparece como consecuencia directa de la caída del imperio romano. Fue gestándose de una forma muy lenta a lo largo muchos siglos, en las provincias que fueron parte del propio imperio o que fueron limítrofes con este. Además, cada comarca tuvo influencias propias de su posición geográfica, dando lugar a fusiones con elementos bizantinos, por ejemplo, que a su vez bebía de la arquitectura romana, o la utilización de los materiales propios de la geología de la zona e, incluso, aprovechando conocimientos que venían de las grandes rutas comerciales como Venecia, Rávena o Marsella.

No obstante, a pesar de que surge de una forma generalizada e independiente en varias localizaciones a la vez, teniendo en cuenta factores religiosos, climatológicos, sociales o geológicos, hay elementos comunes en todos ellos, formando el estilo arquitectónico que nos ocupa. Podremos dar entonces unas pautas correctas para su reconocimiento cuando visitemos un monumento con estas características.

Estilo Románico
Iglesia de San Pedro en Ávila

¿Por qué se llama Arte Románico entonces?

Precisamente por el surgimiento de ciertas pautas en las zonas que habían estado ocupadas por el Imperio Romano. La «latinización» de aquellas, había hecho surgir con los años diferentes lenguas romances derivadas de aquel latín. Un historiador francés, Charles de Gerville, miembro de la «Sociedad de Anticuarios de Normandía», acuñó el término «románico» en 1820, refiriéndose a todos esos territorios en los cuales aparece el arte que nos ocupa, puesto que surge donde se hablaban idiomas derivados de aquel imperio.

Posteriormente se fueron acotando los periodos y sobre todo analizando las diferentes disciplinas que componen ese arte.  Para ello, fueron clave las investigaciones de Philibert de L’Orme del siglo XVI. El estilo románico es considerado uno de los grandes estilos arquitectónicos de nuestro tiempo, abarcando no sólo una gran superficie, sino, además, un enorme periodo de la Edad Media.

Su legado es inmenso y origen a la vez de otros recursos técnicos que se desarrollarían más tarde dando lugar a otros estilos arquitectónicos. Por ello, hasta la apelación actual, muchas veces fue llamado «Pregótico», «Arte Alemán» o «Neogriego».

Antecedentes al estilo románico, introducción histórica

Tras la desaparición del Imperio romano en occidente a mitad del siglo V, las construcciones importantes que se habían levantado a lo largo de cuatro siglos habían sido muy pocas. La disgregación de las diferentes tierras y la creación de nuevos gobiernos, hizo retroceder aquella globalización. Todo cambiaría en el año 799, con la llegada de Carlo Magno y su intento de unificación de Europa, creando el llamado Imperio Carolingio o de Carlomagno.

Durante su reinado, llegaría a congregar a los artistas más importantes de su tiempo y restauró la civilización en occidente. Pero la muerte del rey en el año 814, hizo desaparecer las pretensiones de recuperar la cultura clásica, disolviéndose en el año 843 tras el Tratado de Verdún.

No sería hasta un siglo después, cuando la idea de continuar aquel sueño se restableció con el llamado Sacro Imperio Románico Germánico, creado en el 962 por Otón I, el rey de los germanos. Por ello se considera que el auténtico estilo románico comienza en el siglo X, extendiéndose a lo largo de tres centurias hasta aproximadamente el siglo XII.

Bóvedas del estilo románico
Monasterio Cisterciense de Granja de Moreruela en Zamora

Arquitectura Románica

Un estilo arquitectónico no surge de la noche a la mañana. La integración de diferentes elementos y su resolución técnica se desarrollan a lo largo de muchos años, dando lugar a fases de diferentes aspectos constructivos en lo que se conoce como el carácter arquitectónico.

En el caso del estilo románico, su idea original se basaba en un nuevo principio constructivo: el simple hecho de llevar las leyes del equilibrio a la construcción. Un sistema que tomaría prestados diferentes elementos de la arquitectura del imperio romano, para, a través de diferentes experimentos y tentativas, acabar desembocando en una compleja mezcla de elasticidad y estilo novedosos, que permitieran realizar construcciones imponentes como las grandes basílicas, abadías o las catedrales.

Añadiendo diferentes estudios en el ámbito de las bóvedas, los muros, las columnas y la iluminación, llevaría a desarrollar un extenso compendio de elementos arquitectónicos que al cabo de muchos siglos desembocaría en el estilo gótico. Además, paralelamente la influencia religiosa del momento acabaría impregnando fuerte el conjunto, que, desde una perspectiva de la fe, complementa a la escuela clásica o simplemente técnica, aportando ciertos significados ocultos al ojo del profano.

Influencias y desarrollo del arte románico

El estilo románico se caracteriza por ser excesivamente sobrio, recto, basto y oscuro, pero también digno, eficaz y ordenado. Sus elementos principales son absorbidos del estilo bizantino antiguo, el clasicismo, construcciones del imperio romano y, a medida que pasaron los años, también se incluyeron referencias de la arquitectura árabe, sobre todo en España.

Para distinguir este tipo de influencias debemos analizar cada uno de los componentes constructivos de forma individual. Los cambios de muchas de las características del estilo, atienden a aspectos religiosos o históricos, lo que dificulta su entendimiento del conjunto general, aunque como veremos, de forma individual adquiere un gran sentido.

Por ello daremos un repaso a los diferentes elementos constructivos que lo componen para visualizar su composición arquitectónica y entender, por fin, qué es lo que podemos destacar del estilo románico y su evolución:

Elementos del estilo románico

Describamos cuidadosamente cada uno de los elementos para poder realizar un análisis exhaustivo de cada uno de ellos:

Plantas románicas

En un comienzo se realizaron heredadas de las Basílicas romanas, por ello reciben el nombre de tipo basilical. Su ordenación era muy sencilla, con una nave central rectangular, rodeada de una nave lateral a cada lado, de menor anchura y altura, separada por un sistema de columnas o muros interiores.

Fue la que se adoptó en la arquitectura paleocristiana en un primer momento, con un remate en su cabecera llamado ábside, y lo que se conoce como nártex en la zona de entrada para conexión con el atrio. Según pasaron los años, el nártex desaparecería, y la zona de la cabecera se dividió en diferentes absidiolos, para albergar diferentes capillas debido al incremento del número de sacerdotes y expansión de la iglesia.

Posteriormente se fue adoptando la forma de planta de cruz latina, sobre todo en las rutas de peregrinación cristiana, por la forma de la cruz de Jesucristo. Así pues, de manera generalizada, podemos decir que la evolución de la forma de las plantas podría ser de la siguiente manera según esta imagen:

Plantas Románicas

De la misma manera podemos decir que la orientación general de aquellos templos es de oeste a este, mirando hacia Jerusalén y buscando una iluminación divina, en la que los rayos de la salida del sol, adquieran una importancia capital para el fin al que estaban proyectadas.

Arcos románicos

Tras diferentes estudios y pruebas, la unión del sillarejo con una gruesa capa de mortero dio lugar a aperturas más amplias, que acabarían formando el sistema ojival posterior. Con gran equilibrio, se combinarían soluciones constructivas innovadoras, que harían posibles las grandes construcciones.

Una de las formas más reconocibles de los arcos del estilo románico es el arco de medio punto. Las aperturas semicirculares en los muros se realizaban mediante la unión de dos columnas o pilares, con un arco cuyo origen estaba en el centro de ambos, en la llamada línea de la imposta.

También en evolución, dicho arco se realizará en ocasiones peraltado o lobulado y, hacia el final del periodo, se realizará apuntado, dando origen al posterior arco ojival del gótico. Para mayor entendimiento tenemos este dibujo con las diferentes opciones de los arcos románicos:

Creación arcos románicos

Muros del estilo románico

Los muros románicos siguen la tradición de las construcciones de tiempos romanos. No obstante, en este elemento se aprecia ese olvido generalizado en cuanto a pericia técnica de antaño, ya que la construcción de los muros, entonces ordenados con piezas y sillares regulares, darán paso a construcciones toscas, de formas irregulares dispuestas de una forma que podríamos describir desordenada.

Esta es la razón por la que aparecen las “ayudas” de carga que suponen los contrafuertes. Al principio pegados al muro en la cara exterior y, posteriormente en el estilo gótico, evolucionarán hacia un elemento independiente exterior.

En sus aperturas hacia el exterior podemos destacar las pequeñas ventanas con arcos de medio punto, más estrechas en exteriores que en interiores, con las jambas escalonadas, o por superposición de arcos independientes en la parte de las puertas. En las fachadas principales, las que daban hacia el oeste, también era común un rosetón circular.

Columnas románicas

De forma cilíndrica o rectangular, destacan por su absoluta sencillez. Los capiteles fueron rematados en estilo corintio o jónico, con fustes completamente lisos ya que su función fue simplemente la de sustentar el peso de la estructura. Grandísimos ejemplos serían el Monasterio de Santo Domingo de Silos en Burgos, o la Abadía Saint-Pierre de Moissac en Francia.

Ya hacia el final del periodo del estilo románico, comienzan a aparecer anexos adosados a estos pilares. Resaltes de forma circular siguiendo la trayectoria para soporte de los arcos, preparando el tránsito hacia esa evolución del estilo gótico. Por ello, en numerosos ejemplos podemos ver pilares compuestos que preparan la aparición de las bóvedas nervadas.

Cubiertas del románico

Uno de los elementos más distinguibles del estilo románico son las cubriciones de las construcciones. Antaño de madera, era muy común que las techumbres quedaran destruidas por el fuego, lo que acentuaba la necesidad de buscar un elemento estructural más seguro y práctico, cuya solución aparecería en forma de bóvedas.

La bóveda de cañón sería la más común. La proyección de ese arco de medio punto a modo de medio o un cuarto de cilindro, solucionaría bastantes problemas. No obstante, diferentes estructuras, como las capillas absidiales o algunos claustros tendrían que hacer frente a diferentes soluciones técnicas, lo que hizo aparecer las bóvedas esquifadas o las bóvedas de rincón de claustro. Uno de los mejores ejemplos de las bóvedas de cañón sería el de la Basílica de San Vicente en Ávila.

También se utilizarían construcciones heredadas del estilo bizantino, como las cúpulas, sobre todo como remate de los cruceros, o torres, en los llamados cimborrios. Estas soluciones se pueden ver en la Cúpula de la Catedral Vieja de Salamanca, en Toro o en Zamora, pero fue la necesidad de solventar ciertos casos, como aperturas de planta cuadrada u octogonales, lo que acabaría por hacer surgir las bóvedas de arista o nervadas tan extendidas después en el periodo gótico.

Bóvedas románicas

Ornamentación del estilo románico

Tratándose del estilo románico, la ornamentación brilla por su ausencia. La finalidad puramente estructural de las construcciones románicas, hace que estas palidezcan en este aspecto ante otros estilos arquitectónicos. Lo que comentábamos de esa sobriedad y simpleza del románico se convierte al final en una de sus cualidades principales.

Esto no quiere decir que no tuviera en absoluto decoración, ya que destacan las arquivoltas, sobre todo en las puertas principales, como en la Iglesia de Agramunt en Lleida, la “Porta Speciosa” del Monasterio de Leyre, o la pequeña decoración de los modillones o canecillos de las cornisas de la zona de Asturias en España. También es posible encontrar en algunos lugares una decoración escultórica que complemente la construcción, como en el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela.

Materiales empleados

Los materiales principales empleados en el levantamiento de las construcciones románicas se basan en la piedra. Los Sillares o piedras de sillería, serían lo empleados con mayor frecuencia, ya que aportaban un aspecto más ordenado, con su forma de paralelepípedo y realizando diferentes aparejos según el diseño del monumento.

Sus caras vistas quedaban bastante bien labradas, no siendo así con el llamado Sillarejo, de porte más pequeño y tosco, que daba un aspecto algo más desordenado. Labrando las piedras con martillo y a mano, su acabado es más imperfecto que el de los sillares.

Por último el Mampuesto, colocando piedras con la argamasa, sobre todo el llamado «calicanto», y enfoscando posteriormente para cubrir la superficie. Se llegaría a usar posteriormente el ladrillo en España y teja para cubriciones de los tejados.

Ejemplo de estilo románico
Basílica de San Jorge en el Castillo de Praga

El Estilo Románico en España

Si visualizáramos un mapa de todas las construcciones románicas en España, nos daríamos cuenta de que estas se encuentran, en su gran mayoría, ocupando la mitad superior de la península. Históricamente el estilo románico se sitúa en un periodo en el que España ha comenzado a ser invadida por los musulmanes, cuya arquitectura se extendería desde el sur hacia el norte, hasta la época de la reconquista.

Por ello, no podremos encontrar construcciones románicas puras en el sur de España, quedando reducida la presencia de este estilo arquitectónico a algunas edificaciones tardías, sobre todo en la zona de Extremadura. A remolque con los estilos traídos de Europa, acabará encontrando su propio lenguaje arquitectónico e impulsando este de forma eficaz, en el momento que la unión del conocimiento árabe hace acto de presencia.

Muchos creen que la evolución del románico se debió al esplendor del Califato de Córdoba, cuya mezcla con la tradición románica en Cataluña, hizo brillar el estilo primero en Castilla y posteriormente  en Francia, floreciendo el arte de las bóvedas nervadas, la decoración, la pintura o simplemente la estructura.

El Estilo Románico en Europa

Además de influencia mudejar, las liturgias de las peregrinaciones dejarán su impronta. Con epicentro en Santiago de Compostela y Toulouse, las rutas de peregrinos también afectarán a los diferentes elementos, aportando influjos franceses al cóctel del románico. La famosa Orden de Cluny, que incluso llegarían a Toledo, o la Orden del Císter, serían mecenas de las construcciones más reconocidas.

Es más, fue la Abadía de Cluny la considerada como la mayor Basílica de Occidente hasta la construcción del Vaticano, lo que nos indica la importancia y transmisión de la arquitectura románica y su expansión. La Catedral de San Pedro de Angulema, o la Abadía de los Hombres de San Etienne, son ejemplos perfectos de la llegada del estilo al norte del país.

Más allá, existen ejemplos como la Catedral de Durham en Reino Unido, aunque el estudio de la arquitectura llegó a concluir, que su extensión en Europa llegaría desde España a Europa central, incluyendo Polonia, Eslovaquia y Bohemia, y al norte llegando a las islas Británicas y parte de Escandinavia.